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miércoles, 1 de mayo de 2019

Jaramillo, otro, copia

No espero al otro
que también soy yo.


Mi doble no es el huesped:
es probable que quien viene
sea el original y yo la copia.

Tal vez solamente un borrador




Darío Jaramillo Agudelo
El cuerpo y otra cosa
Ed. Pre-textos 2016



miércoles, 24 de abril de 2019

Conversaciones con Dios, Jaramillo

1. La primera vez que Dios me habló, Él estaba disfrazado de serpiente.
Era difícil reconocerlo por esa apariencia tan inesperada en un tipo como Dios, pero así es Él, siempre sagaz, sagaz como una serpiente, sí, exactamente como una serpiente.
Además está el antecedente: el demonio se le presentó a Eva disfrazado de ofidio. Nadie esperaría que Dios usara el mismo truco. Por eso mismo lo usó. Era la mejor manera de despistar. Ese día apenas fue una especie de examen.
Me dijo que era Dios. Yo le creí y en eso consistía la prueba, en que yo le creyera. Si llego a dudar, Él no me habría hablado nunca más.
Pero yo le creí. Me dijo que Él era el Padre Eterno. Que Él había creado el mundo y que lo controlaba casi todo. Casi.
Pero no me aclaró qué asunto no controla. Creo que no explicarme fue un efecto dramático. Me dejó en suspenso. Sigo en suspenso.
2. Sigo en suspenso porque la segunda vez que Dios me habló, no lo vi. Fue en una madrugada. Un lunes. Me habló al oído y me pidió que tomara nota, que me iba a dictar.
Dijo: este es el tercer intento de creación que hago. Soy perfecto, pero mis inventos no son perfectos. Esta vez fue el invento de un ser inteligente.
Dijo: inteligente, pero codicioso; inteligente, pero avaro; inteligente, pero lleno de odio; inteligente pero capaz de matar a sus semejantes.
Dijo más cosas que algún día voy a contar. Sí, ya sé, estoy acostumbrado a esa reacción: de seguro ustedes están pensando que estoy loco.
Pero no estoy loco. Pero ustedes insistirán que sólo un loco dice que Dios le habló. Lo que no saben es que Dios me advirtió que me llamarían loco.
Y también me dijo que Él no le va a hablar a esos cuerdos que están tan locos como para que les parezca imposible que Dios les hable.
Darío Jaramillo Agudelo


viernes, 22 de febrero de 2019

Darío Jaramillo, razones del ausente

Razones del ausente
Si alguien les pregunta por él,
díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa
acaso ya nadie reconozca su rostro;
díganle también que no dejó razones para nadie,
que tenía un mensaje secreto, algo importante qué decirles
pero que lo ha olvidado.
Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra parte del mundo,
díganle que todavía no es feliz,
si esto hace feliz a alguno de ellos; díganle también que se fue con el corazón
    vacío y seco
y díganle que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón
y que ni él mismo sufre por eso,
que ya no cree en nada ni en nadie y mucho menos en él mismo,
que tantas cosas que vio apagaron su mirada y ahora, ciego, necesita del tacto,
díganle que alguna vez tuvo un leve rescoldo de fe en Dios, en un día de sol,
díganle que hubo palabras que le hicieron creer en el amor
y luego supo que el amor dura
lo que dura una palabra.
Díganle que como un globo de aire perforado a tiros,
su alma fue cayendo hasta el infierno que lo vive y que ni siquiera está desesperado
y díganle que a veces piensa que esa calma inexorable es su castigo;
díganle que ignora cuál es su pecado
y que la culpa que lo arrastra por el mundo la considera apenas otro dato del problema
y díganle que en ciertas noches de insomnio y aun en otras en que cree haberlo soñado,
teme que acaso la culpa sea la única parte de sí mismo que le queda
y díganle que en ciertas mañanas llenas de luz
y en medio de tardes de piadosa lujuria y también borracho de vino en noches de lluvia
siente cierta alegría pueril por su inocencia
y díganle que en esas ocasiones dichosas habla a solas.
Díganle que si alguna vez regresa, volverá con dos cerezas en sus ojos
y una planta de moras sembrada en su estómago y una serpiente enroscada en su cuello.
y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida honradamente,
de adivino, leyendo las cartas y celebrando extrañas ceremonias en las que no creerá
y díganle que se llevó consigo algunas supersticiones, tres fetiches,
ciertas complicidades mal entendidas
y el recuerdo de dos o tres rostros que siempre vuelven a él en la oscuridad
y nada.
Darío Jaramillo Agudelo