martes, 19 de marzo de 2019

Levinas, brasas

Nuestros maestros nos enseñan que todas las palabras son semejantes a brasas. Pues si tú aplicas tu soplo a la brasa la animarás y la atizarás soplando... Y cuanto más soples, más fuerza tomará la llama y el fuego aumentará hasta convertirse en ascua incandescente...

Y, puesto que se ha hecho ardiente, habrá que utilizarla con precaución” .

Es decir, el fuego del sentido se encuentra bajo las cenizas de las palabras.

En virtud de la fuerza y la constancia del soplo, pasajes mudos o incomprensibles pueden adquirir nueva vida, incluso adquirir un significado incandescente. Para ello hay que seguir a la palabra paso a paso...

Entonces la palabra nos conduce a otras palabras, a otros textos, descubriendo significados inesperados

(LEVINAS)

Foto animada

Nietzsche, ficción, lógica

El modelo de una FICCIÓN es la LÓGICA. Aquí se fantasea un modo de pensar en que un pensamiento es puesto como causa de otro pensamiento; se prescinde de todos los afectos, de todo sentir y querer.

Cosas así no se encuentran en la realidad: esta es indeciblemente diferente, complicada.

Debido a que nosotros ponemos aquella ficción como esquema, es decir, filtramos el acontecer fáctico en el pensamiento, por así decirlo, mediante un aparato de simplificación: logramos una escritura de signos y una comunicabilidad y perceptibilidad de los procesos lógicos.

Así que: considerar el acontecer mental, como si correspondiera al esquema de aquella ficción regulativa: esta es la voluntad fundamental.

Donde hay memoria ha dominados esta voluntad fundamental.

En realidad, no hay ningún pensamiento lógico, y ningún principio de la aritmética y la geometría puede estar sacado de ella, porque no tiene lugar en absoluto.

#aforismo

F. Nietzsche
Fragmentos póstumo 1885
Ed. Tecnos Vol. III p. 768
Dir. Diego Sánchez Meca

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Lo soñado desea florecer en los templos,
abandonar su núcleo de sombras inflexibles,
sus átomos de sombra donde los hombres besan
a quienes ya no tienen cuerpo y las palabras
derrotadas aprenden el diámetro del fuego.

La azucena persigue sus sótanos; el cielo,
su forma, su basalto; la respiración quiere
ser nombrada o heñida, como el barro o los senos.
Tañen, por fin, las células antes oscurecidas
por el frío y la pólvora, idas bajo las alas
de la nieve (aunque insectos menores han creado
la ironía y la sal, y luchan por que el hombre
no acceda al mediodía). No son mudas las flores:
saben leer las horas, derrotan al cianuro,
esconden llamas dentro. Las cópulas empujan
sus astas hasta el fondo de viento y en la feliz
herida que abren quedan las pausas apresadas.

Hay oro bajo el músculo y un mar impronunciable
en el que se sumergen los seres intermedios,
las llagas intermedias. En las dunas, gaviotas
color de insomnio ocultan las perlas que tanta álgebra
suscitan. El orín de las fuentes ha desaparecido.

La avena muerde, quieta como el rocío: arroja
su sangre al mar en busca del ser que está en la aguja
que está en el boj que está en la electricidad
que está en el eucalipto. Los círculos, sin bordes,
alcanzan el final de la tierra: reposan,
y después, bajo luces infinitesimales,
crean el mar natal, el mar de la sequía,
de cuyos suaves cráteres brotan nudos, hidrógeno,
palomas, eslabones, escarcha matemática.

El mar es la primera palabra: su sedente
azul, como una inmensa saliva, delimita
los rostros, los teléfonos, los orgasmos más crueles,
las clavículas solo pensadas, las retinas
que verán tanta muerte. Se cierran los paréntesis
que no tuvieron nunca principio. La energía
de los cuerpos derriba el agua. Algas que no
existían respiran entre lunas carnívoras.

Se completan los bosques mutilados. Miríadas
de vínculos, igual que partos desbocados,
empapan las espaldas desiertas. Uva y fuego
tienen las mismas dudas. El mercurio es hermano
de todos los olivos, de todos los ancianos.

Pan multitudinario en la aciaga mirada
de los reptiles; súbitos juncos en las orillas
donde nunca hubo libros; garras en las pupilas
de las lampreas; grietas en la alta quemadura
del cuervo; hematomas que nada significan,
salvo, si acaso, olvido. Los fósiles regresan:
sirenas con durísimos recuerdos, embriagadas
de alas, dejan la lúgubre arcilla en que nacieron,
remontan las oscuras cataratas y viven,
en pura latitud, como besos que oscilan.

Los cuerpos no separan: articulan las ondas
que emite la materia, apaciguan la pleura
insurgente, conquistan los pétalos erectos,
avivan la memoria de la espada, refuerzan
los nudos del ciempiés y del bosque varado.


(fragmento de
LA LUZ OIDA
de Eduado Moga Bayona
Premio Adonais 1995
Ed. Rialp 1996

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Tzara, Agua salvaje

Agua salvaje / Tristan Tzara

los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el triángulo sostiene otro triángulo

el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño

el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos

todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora

su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

De nos oiseaux
Versión de Aldo Pellegrini

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Pellegrini, destrucción

Todo lo espero de las palabras. En su fiesta impalpable partiré a la conquista de las puertas. La palabra vacilante como rata ataviada de secretos. Y cuando las puertas se abren, la palabra inicial hunde su punta de cobre en la aventura del acercamiento.

Entonces estallan las disputas. La palabra reveladora sumerge su cuerpo resplandeciente en la oscuridad de la voz perdida. Ola rezagada que arrastra su agonía hasta la playa desierta. La palabra es inútil. La agonía es inútil.

En el desorden de las palabras las manos como intrusas se deslizan hasta la desnudez del instante. Predicadoras de nieve restablecen la calma en el mundo de los tesoros perdidos en los naufragios. Predicadoras que no quieren ser comprendidas.

El lenguaje es mi caracol privado. Allí oculto mi antigua marcha vertical porque he perdido mi verdadera morada. Me sobrepasa el coloquio entre el día y la noche y de pronto no sé de qué oscura estirpe provenimos los hombres.

Amantes de fuego, predicadores de nieve, los reflejos me preceden, las sombras me siguen. En ese largo camino en pos de las palabras me descubro habitante del sobresalto y del desorden.

Pero sobre todo bebedor. Bebo mi propia voz y navego contra la corriente porque no me resigno a alejarme de mí mismo. Costoso equipaje de la identificación. Estoy frente al espejo como un cansancio de agua que se prolonga.

Qué fiesta de las palabras para la última noche del condenado. El ruido intolerable de las señales que corroen las explicaciones. El silencio de los acusadores y la feroz potencia de las palabras que nadie se atreve a pronunciar.

Ya estoy al nivel de las palabras submarinas. No es necesario explicar nada. Los significados mezclan sus inacabables tentáculos. Los exploradores de la confusión se sumergen en vano. Palabra fosforescente, alimento habitual de los crepúsculos.

Y los hombres se ciegan. Resplandor de la virginidad del verbo donde los templos se comunican su clamor de soledad. Los labios resecos inician en los portales la creación de Dios. Ardid de los nombres. Pero ni una sola palabra descifra la condición humana.

Sombra de un socorro. Me salvas del aniquilamiento. El viento atraviesa una casa deshabitada y descubre el silencio. Venido de todas partes el viento recorre mi soledad y recoge ese silencio que no quiere morir. Y así arrastra un exacto rumor que temblará en la voz de los desconocidos. Así arrastra el rumor de todos los hombres. Y el silencio andará por el mundo transformado en la fuente íntima de los secretos.

Aldo Pellegrini
Construcción de la destrucción
Eds. A partir de cero
Buenos Aires 1957

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Pellegrini, puerta de la poesía

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia.

Sólo los inocentes, que tienen el hábito del fuego purificador, que tiene dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

El poeta mediante el verbo no expresa la realidad, sino que participa de ella.

ALDO PELLEGRINI
"Se llama poesía a todo aquello cierra la puerta a los imbéciles"
PARA CONTRIBUIR A LA CONFUSIÓN GENERAL
Ed. Leviatan, Buenos Aires1975

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Tzara, hombre aproximado

hombre aproximado como yo como tú lector y como los otros

montón de carnes ruidosas y de ecos de consciencia

completo en el solo pedazo de voluntad tu nombre

portátil y asimilable pulido por las dóciles inflexiones de las mujeres

incomprendidos diverso según la voluptuosidad de las corrientes interrogadoras

hombre aproximativo moviéndote en los vaivenes del destino

con un corazón como maleta y un vals a guisa de cabeza

vaho sobre el frío reflejo tú mismo te dejas ver

grande e insignificante entre las joyas de escarcha del paisaje

sin embargo los hombres cantarán en corro bajo los puentes

del frío la boca azul contraída mas lejos que la nada

hombre aproximado o magnifico o miserable

entre la niebla de las castas edades

habitación barata los ojos embajadores de fuego

que cada uno interrogue y atienda en el forro de caricias de sus ideas

ojos que rejuvenecen las violencias de los dioses ágiles

saltarín al disparo de los resortes dentarios de la risa

hombre aproximativo como yo tú lector

tienes entre tus manos como para lanzar una bola

cifra luminosa tu cabeza llena de poesía

TRISTAN TZARA
EL HOMBRE APROXIMADO
(fragmento del canto II)


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