jueves, 22 de febrero de 2018

CAMUS LA CAIDA 1 ESPEJO IRONIA

LA CAÍDA-1 abro esta nueva serie sobre la última novela de Camus con una perspectiva personal de contraste con EL EXTRANJERO pues me parece el otro lado del espejo: si Mersault era voz del exterior, simple devenir sin rebeldía, el Clamence de aquélla sobreabunda desde un interior invasivo otra voz, ahora ilustrada y poderosa, que sí parece autodeterminarse pero que realmente se pierde en una incontinencia que a todos nos quiere tocar en algo.

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De nuevo esta serie partirá de fragmentos ilustrativos de la propia novela y acabará con comentarios tremendamente sugestivos y profundos de otro estudio de Blanchot sobre la misma:

"Soy hablador, vaya, y me relaciono fácilmente. Aunque sé conservar las convenientes distancias, aprovecho cualquier ocasión. Cuando vivía en Francia me resultaba imposible toparme con un hombre de ingenio sin que hubiera de relacionarme al momento con él.

¡Ah! Ya veo que reacciona ante ese imperfecto de subjuntivo. Confieso mi debilidad por ese tiempo del verbo y por el lenguaje florido en general. Debilidad que llego a reprocharme, créame.

Sé muy bien que la afición por la lencería fina no supone que se tengan los pies sucios. No es óbice. El estilo, como el popelín, a menudo disimula el eccema. Me consuelo diciéndome que, al fin y al cabo, los que mal hablan tampoco son puros.

Le confesaré que me siento atraído por estas criaturas hechas de una sola pieza. Cuando se ha meditado largamente sobre el hombre, por oficio o por vocación, se llega a sentir cierta nostalgia por los primates. Ellos no tienen segundas intenciones."

Albert Camus
LA CAÍDA
Traducción Manuel de Lope
Alianza Editorial 2015

Diálogo encerrado en monólogo. No faltarán hombres reflexivos para hacernos ver de qué variadas maneras EL EXTRANJERO, LA PESTE, LA CAÍDA acomodan el relato con la confindencia,

y que el extranjero, al hablar de sí dicendo YO, habla con la impersonalidad de un ÉL ya extraño a sí;

que, en LA PESTE es en tercera persona como el personaje central, redactor de la historia, narra los acontecimientos que, sin embargo, le conciernen directamente, pues en la comunidad de la desgracia anónima no conviene reservar su parte a la intimidad del recuerdo.

Y aquí, en LA CAÍDA, donde el que habla no habla más que de sí mismo, no sin rodeos, pero aparentemente sin reticencias, con todos los recursos de una maravillosa retórica, como abogado distinguido que es, nos damos cuenta enseguida de que no habla de su propia vida, sino de la de todos, que esa vida no tiene contenido, que su confidencias no confían nada...

¿Qué queda? La ironía.

Ante todo evita enseñar nada. Es la gracia de la ironía: no nos da sino lo que nos quita; si afirma, la afirmación es un lugar ardiente del que tenems prisa por salir. A veces la ironía se hace pesada. Este peso es también su ligereza: es que no tiene humor.

En este relato atrayente, veo la huella de un hombre en fuga, y el atractivo que ejerce precismante el relato, atractivo fuerte y sin contenido, reside en el movimiento mismo de la huida.

La lucidez no permite reinar en la inocencia mucho tiempo.

Maurice Blanchot,
La amistad,
(capítulo XXII
La caída: la huida)
Trad. J. A. Doval Liz
Ed. Trotta, 2007

CAMUS EL EXTRANJERO y 5 EXTRAÑAMIENTO DEL SER

EL EXTRANJERO de Camus (5 y final EXTRAÑAMIENTO EN EL SER) Es la ausencia profunda (dice Blanchot), el abismo en el que tal vez no hay nada, o tal vez está todo; abismo que conlleva todo espectáculo humano. Su extrañamiento no es el característico de un individuo que se siente ajeno a las convenciones y a las leyes; sino que representa el sentido que adquiere la existencia cuando se la observa desde la exterioridad de los modos de pensar y sentir que el empleo de las palabras hace explícito.Es esa originalidad esencial que se afirma enteramente en el presente y, cambiando todo azar en destino, choca con el mundo, las cosas y la sociedad como contra un no se sabe qué imposible, pero natural e inexorable.

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"Me explicó (el patrón) que iba a hablarme de un proyecto todavía muy vago. Tenía intención de instalar una oficina en París que se ocuparía de sus negocios allí, y directamente, con las grandes compañías, y quería saber si yo estaría dispuesto a ir. Podría así vivir en París y viajar, además, una parte del año. «Usted es joven y tengo la impresión de que es una vida que ha de gustarle.» Dije que sí, pero que en el fondo me daba igual. Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Contesté que no se cambia nunca de vida, que en cualquier caso todas valían lo mismo y que la mía aquí estaba lejos de disgustarme. Pareció descontento, me dijo que nunca respondía directamente, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los negocios. Hubiera preferido no decepcionarlo, pero no veía razón alguna para cambiar de vida. Pensándolo bien, no me sentía desgraciado. Cuando era estudiante, tenía yo muchas ambiciones de ese tipo. Luego, cuando tuve que abandonar mis estudios, comprendí muy pronto que todo eso carecía de verdadera importancia."
...
"Por primera vez, después de tanto tiempo, pensé en mamá. Creí comprender por qué al final de su vida se había echado un «novio», por qué había jugado a recomenzar. Allá, también allá, en torno a aquel asilo donde las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan próxima a la muerte, mamá debió de sentirse liberada de ella y dispuesta a revivirlo todo. Nadie, nadie tenía derecho a llorarla. Y también yo me sentí dispuesto a revivirlo todo. Como si esa gran cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por vez primera a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraterno al cabo, sentí que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, no me queda más que desear en el día de mi ejecución la presencia de muchos espectadores que me acojan con gritos de odio."

Así termina EL EXTRANJERO de Albert Camus, en la traducción del gran poeta J.A. Valente, y dibujos de José Muñoz, de la extraordinaria edición de ALIANZA, donde, además de la ilustración los párrafos se separan para que los efectos emocionales propios se destaquen.

La filosofía ordinaria no llega a este personaje, pero es ontológico.
Su esencia la lleva en su inmediata existencia. Tiene una fascinante asunción de la acción como acto ineludible. Este apego lo hace indudablemente básico y existencial. Es ajeno a los convencionalismo sociales y encierra autenticidad. Pero es un EXTRANJERO PARA SÍ, rehén de la acción. También es extranjero para los demás. Todo parece igual. "Me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo" (dice al final de la novela, como si descubrier a los demás). Sin reposo en sí, sin cimientos en el mundo (salvo en prisión), en un extrañamiento de todo lugar, del otro lado del ser. "Los hombres se buscan en su incondición de extranjeros. Nadie está en su casa", dice Levinas en Humanismo del otro hombre. Le falta aquella implicación respecto de los otros que nos permite entrar en esa ontología ética
tan necesaria, como vital.

G+25-6-2016

CAMUS EL EXTRANJERO 4 CULPA CONDENA

EL EXTRANJERO de Camus (4-CULPA, CONDENA) «Nunca vi un alma tan endurecida como la suya. Los criminales que han comparecido aquí lloraron siempre ante esta imagen del dolor» (Murmuró el juez instructor con el crucifijo en la mano).

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Estuve a punto de responder que eso era precisamente porque se trataba de criminales. Pero pensé que yo también lo era. Se trataba de una idea a la que no podía acostumbrarme. El juez se levantó en ese momento, como para darme a entender que el interrogatorio había terminado.

Tan sólo me preguntó con el mismo aire un poco cansino si lamentaba mi acto. Reflexioné y dije que, más que una auténtica pena, lo que sentía era cierto aburrimiento. Tuve la impresión de que no me comprendía.
...
«¿Ha dicho, al menos, que lo lamentaba? Nunca, señores. Ni una sola vez en el curso de la instrucción me pareció conmovido este hombre por su abominable crimen» (el Fiscal). Se volvió entonces hacia mí, me señaló con el dedo y siguió abrumándome sin que, en realidad, yo comprendiera bien por qué.

Sin duda, no podía dejar de reconocer que tenía razón. Yo no lamentaba gran cosa mi acto. Pero tanto encarnizamiento me asombraba. Hubiera querido tratar de explicarle cordialmente, casi con afecto, que yo nunca había podido lamentar nada verdaderamente.

Estaba siempre acaparado por lo que iba a suceder, por hoy o por mañana. Pero, naturalmente, en el estado en que se me había puesto, no podía hablar a nadie en ese tono. No tenía derecho a mostrarme afectuoso, a manifestar buena voluntad. Traté de atender de nuevo porque el fiscal había empezado a hablar de mi alma.
...
Le dije que mamá había muerto. Quiso saber cuándo, y le respondí: «Ayer». Hizo un ligero movimiento, pero ningún comentario. Quise decirle que no era culpa mía, pero me contuve porque pensé que ya se lo había dicho a mi patrón. Nada significaba eso. De todos modos, uno es siempre un poco culpable.

...
¿Qué importaba si, acusado de asesinato, lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre?

El perro de Salamano valía tanto como su mujer. La mujercita automática eran tan culpable como la parisiense con la que se había casado Masson o como Marie, que deseaba que me casara con ella. ¿Qué importaba que Raymond fuese tan amigo mío como Celeste, que valía bastante más que él?

¿Qué importaba que Marie diese hoy su boca a un nuevo Meursault? ¿Comprendía ese condenado, y que desde el fondo de mi porvenir...?

Me ahogaba gritando todo esto.

EL EXTRANJERO de Albert Camus, 1942
en traducción de M.A.Valente
y dibujos de José Muñoz
de la extraordinaria edición de Alianza, 2015

Dice Blanchot sobre esta condena:

Aparece porqué la sociedad le condena: lo hace, no a causa del asesinado, que podría disculparse, ni por su pretendida insensibilidad, facil de ocultar con interpretaciones favorables, sino por la ausencia fundamental que revela por su presencia total hasta en sus gestos más sencillos, más elementales, por esta ausencia de pensamiento y de vida subjetiva que hace de él un extraño.

Cada uno se condena por que la vida que cree escoger, el destino que se intenta abarcar, no son nada ante los ojos del único destino que escoge a cada persona. Pero esta persona es, por otra parte, privilegiada, lo cual expresa la justificación final que la pone de acuerdo con sus actos, recompensándola por no haber eludido nada, ni dejando nada para más tarde, devolviéndole su parentesco con el mundo incognoscible.

(FALSOS PASOS, ed. Pretextos)

¿Hay una represión social hacia el alma del extraño? ¿Dónde está la culpa, o lo está en todas partes, o en ninguna?

El interrogatorio nos deja a un paso de la desnudez del extranjero ¿Podremos en la siguiente y última entrega desvelar sus capas de autenticidad, o falsedad, o puramente de naturaleza?

G+ 22-6-2016

CAMUS EL EXTRANJERO 3 AMOR

EL EXTRANJERO de Camus (3-¿AMOR?) Marie vino a buscarme y me preguntó si quería casarme con ella. Le dije que me daba igual y que podíamos hacerlo si era su deseo. Me preguntó entonces si la quería. Contesté, como ya había hecho una vez, que nada significaba eso, pero que ciertamente no la quería. «¿Por qué te casarías entonces conmigo?», dijo ella. Le expliqué que la cosa no tenía importancia alguna, pero que si ella lo deseaba podíamos casarnos.

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Se preguntó entonces si ella me amaba a mí, pero yo nada podía decir sobre ese punto. Después de otro momento de silencio, musitó que yo era raro, que sin duda ella me quería por eso, pero que tal vez un día yo le repugnaría por las mismas razones. Como me callaba, porque nada tenía que añadir, me tomó del brazo sonriendo y declaró que quería casarse conmigo. Le dije que lo haríamos cuando quisiera.
...
El amigo de Raymond tenía una pequeña construcción de madera en el extremo de la playa. La casa estaba adosada a las rocas y los pilares que la sostenían por delante se bañaban ya en el agua. Raymond nos presentó. Su amigo se llamaba Masson. Era un tipo alto, macizo de cintura y de hombros, con una mujer pequeña, regordeta y agradable, con acento parisiense. Nos invitó enseguida a acomodarnos y nos dijo que tenía una fritura hecha con lo que había pescado esa misma mañana. Le dije cuánto me gustaba su casa. Me explicó que pasaba en ella el sábado, el domingo y todas sus vacaciones. «Me entiendo bien con mi mujer», añadió. Precisamente, su mujer reía con Marie. Por vez primera, creo, pensé verdaderamente que iba a casarme.

El agua estaba fría y daba gusto nadar. Nos alejamos Marie y yo, y nos sentimos acompasados en nuestros movimientos y en nuestro bienestar.
...
Marie me dijo que no la había besado desde esta mañana. Era verdad y, sin embargo, no deseaba otra cosa. «Ven al agua», me dijo. Corrimos para lanzarnos a las primeras pequeñas olas. Dimos algunas brazadas y se pegó a mí. Sentí sus piernas en torno a las mías y la deseé.

(EL EXTRANJERO, de Albert Camus, en traducción de J.A.Valente y dibujos de José Muños de la estupenda edición especial de Alianza)

Blanchot dice del protagonista:

Es la imagen misma de la realidad humana despojada de cualquier convención psicológica, abordada por medio de una descripción puramente externa, privada de todas las falsas explicaciones subjetivas.
...
siente con aquello que está por encima de cualquier forma expresable de sensibilidad, lo que rechaza las formas impuras, engañosas, adaptadas al uso de la sociedad y de la vida práctica.
...
Es , en relación a sí mismo, como otro que le observara y hablase de él. Sus actos lo absorben por completo. Es totalmente exterior a sí; su única vida interior son los impulsos más externos de la sensibilidad.

(FALSOS PASOS, ed. Pretextos 1977)

¿Por qué despliega ese atractivo el personaje? ¿Su rareza es una singularidad también respecto del amor? ¿Puede haber fatalidad en ese pasotismo ausente de mayores significaciones sociales, interpersonales o abstractas?

G+ 18-6-2016

CAMUS EL EXTRANJERO 2 ATEO

EL EXTRANJERO de Camus (2-ATEO) Contesté que yo no creía en Dios. Quiso saber si estaba absolutamente seguro y le dije que no tenía necesidad de preguntármelo: la cuestión me parecía sin importancia.

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Se echó entonces hacia atrás y se pegó a la pared, con las manos a lo largo de los muslos. Casi sin tener aire de dirigirse a mí, observó que, a veces, uno se creía seguro y, en realidad, no lo estaba. Nada dije. Me miró y me preguntó: «¿Qué piensa usted?». Respondí que era posible. En cualquier caso, yo no estaba tal vez seguro de lo que me interesaba realmente, pero estaba absolutamente seguro de lo que no me interesaba.

Y ciertamente ese tema no retenía mi interés. Apartó la mirada y, siempre sin cambiar de posición, me preguntó si no hablaba así por exceso de desesperación. Le expliqué que no estaba desesperado. Solamente sentía miedo; era natural. «Dios lo ayudará entonces –afirmó–. Todos los que yo he conocido en su situación se han vuelto hacia Él.» Reconocí que estaban en su derecho. Y que tenían tiempo, además. En cuanto a mí, no quería ser ayudado y precisamente me faltaba tiempo para interesarme en lo que no me interesaba.

(así habla con el caplellán de la carcel, el condeando a muerte y que al principio de la novela asiste al entierro de su madre)
EL EXTRANJERO de Albert Camus, en traducción de J.A.Valente)

Dice Blanchot sobre tan básico rechazo:

No hay ningún punto en común entre un sistema religioso basado esencialmente en la salvación, la vida en el más allá, el ideal fuera del tiempo, y la conducta de este hombre, enteramente expresada en cada instante, ajena a toda finalidad, que rechaza el proyecto incluso de la acción misma. (FALSOS PASOS, Pretextos 1997, pág. 238).

Si antes asumía el FATUM (1) cual azar, condenado por la sociedad como destino culpable, ¿es coherente tan natural exposición como ATEO (2) natural, ajeno a cualquier consolación trascendente? ¿Forma parte de su ser esencial, como dice Blanchot?

CAMUS EL EXTRANJERO 1 FATUM

EL EXTRANJERO de Camus (1-FATUM) (Ser juguete del azar es un crimen en la vida en sociedad. En ella el azar deviene destino -Blanchot).

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Cegaba mis ojos ese telón de lágrimas y de sal. Sólo sentía los címbalos del sol sobre la frente e, instintivamente, la hoja relumbrante surgida del cuchillo siempre ante mí. Esa ardiente espada mordía mis cejas y penetraba en mis ojos doloridos. Fue entonces cuando todo vaciló. Del mar llegó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para vomitar fuego. Todo mi ser se tensó y mi mano se crispó sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el pulido vientre de la culata y fue así, con un ruido ensordecedor y seco, como todo empezó.

Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces, disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese.

Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia.

(EL EXTRANJERO de Albert Camus,
en la traducción de José Ángel Valente
y en la magnífica edición de Alianza 2015,
con los expresivos dibujos de José Muñoz)

(Comenta Blanchot en Falsos pasos sobre esta novela:
El condenado, después de haber creído que se hundía, bajo el peso de su trágico castigo, toda la razón de su vida, que era vivir, se da cuenta de la razón de su condena, no muy distinta de la de los otros. Cada uno se condena por que la vida que cree escoger, el destino que se intenta abarcar, no son nada ante los ojos del único destino que escoge a cada persona.)

Comienzo así una serie de reflexiones ontológicas (perspectiva del ser que integra en la ética la implicación de los otros y uno) en torno a esta singular obra y sus "extrañamientos": ese fatum sería la primera piedra de un acontecimiento clave en torno al que se debate cuanto hay de azar, destino, responsabilidad, culpa, castigo... para comenzar a juzgar con toda ferocidad existencial que permita la sensibilidad.